La hipnopedia propone el aprender incoscientemente escuchando la materia mientras dormimos

La hipnopedia. Os avisamos, esto no es un mundo feliz… por ahora.

Grabas una clase en audio, o a ti mismo leyendo los apuntes, y te lo pones mientras duermes. Al día siguiente, el conocimiento, no se sabe cómo, ha dejado poso en tu memoria, siendo un poco más sabio que el día anterior, y aún más importante, estudiando sin esfuerzo y tiempo. Sería maravilloso, ¿verdad? Pero la vida no es un capítulo de los Simpson, y aunque la hipnopedia funciona, no es el milagro que estáis esperando la noche antes del examen.

Aprender mientras duermes. La realidad

La creencia en la utilidad de esta alternativa forma de estudio está muy generalizada, si bien no llega a ser probada por mucha gente. Esto, sin duda, tiene mucho que ver con ciertas falsas relaciones que se establecen entre conceptos, y en este caso particular estaríamos hablando de una forma optimizada de estudio, la técnica pomodoro, que establece que los conceptos estudiados se asimilan mejor si intercalamos 25 minutos de estudio con 5 minutos de descanso y relajación.

En este caso, la hipnopedia ha sido utilizada desde sus inicios (obviando a la obra maestra de Huxley) como excusa para vendernos casetes para aprender idiomas sin esfuerzo. Los resultados eran claros: si bien podría llegar a producirse un mínimo de beneficio al ser capaz de recordar una pequeña parte de lo escuchado durante el sueño, estas ideas no podrían ser consideradas aprendizaje debido a su inconexión y coherencia. Dicho de otra manera, podríamos retener algo, pero no ser capaz de aplicarlo al no formar parte de un conjunto de conocimiento.

La hipnopedia propone el aprender incoscientemente escuchando la materia mientras dormimos

Aplicando la ciencia a la “ciencia”

Tratando de buscar una mejora en el proceso, los estudios se han repetido a lo largo de los últimos años con resultados que difieren; mientras algunos dan pie a la esperanza, otros parecen empeñados en quitárnosla.

Así, en el primer grupo podríamos incluir los de Jan Born, partiendo de la teoría de que la consolidación de la memoria ocurre durante oscilaciones específicas y lentas de actividad eléctrica, descubrió que podía amplificar estas señales usando estimulación transcraneal de corriente directa. Para que nos entendamos, dar una pequeña corriente eléctrica a través del cráneo mientras el proceso de aprendizaje inconsciente tiene lugar. Este primigenio experimento ha tenido recorrido, tratando de hacer esa estimulación menos invasiva, teniendo como última evolución un casquete de electrodos que mide la actividad neuronal que trabaja en conjunto con unos auriculares que reproducen sonidos en sincronía con las ondas cerebrales.

Si en un futuro se desarolla una optimizada hipnopedia, imágenes como esta estarán obsoletas

Entrando en el terreno de las conclusiones, Born establece que “se profundiza el sueño de ondas lentas y se hace más intenso”, haciendo así “(…) más natural (…) conseguir que el sistema entre en ritmo”.

Pero no todos los estudios obtienen conclusiones tan consensuadamente positivas para con la hipnopedia. Así, los investigadores del Weizmann Institute, en base a un experimento realizado, sostienen, de manera generalizada, que si bien es posible cambiar ciertas actitudes durante el día gracias al aprendizaje nocturno, esto es realizado de una manera mecánica. Lo explicamos en detalle: el experimento contó con un grupo de hombres, a los que, mientras dormían, se les estimuló con un tono sonoro, acompañado de un olor característico. En una fase posterior del experimento, el olor fue retirado, quedando únicamente el sonido. Los hombres reaccionaban de la misma manera que en la primera fase, olisqueando el aire, a pesar de que la señal recibida no era olfativa.

Así, la conclusión, que para alguno de sus integrantes fue positiva (es posible aprender de manera inconsciente), para la mayoría era simplemente una reacción condicionada a un estímulo. Así, el líder del grupo, el profesor Noam Sobel, indica como punto fundamental que todos los participantes en el experimento no recordaban nada de lo ocurrido al despertarse, ni eran conscientes de lo que había ocurrido, a pesar de que la conducta seguía estando presente. Había un aprendizaje, si, pero no de forma consciente, por lo que no cabía su aplicación a disciplinas que precisasen de reflexión, aunque se abría la puerta a su uso como tratamiento para adicciones o malos hábitos, en una suerte de terapia conductual inconsciente.

Pero dentro de los investigadores hubo una voz discordante que atribuyó un mayor éxito al experimento, y aún más importante, un gran futuro a la hipnopedia. Anat Arzi considera “haber demostrado que aprender durante el sueño es posible. Ahora se trata de establecer dónde se encuentran los límites, y qué tipo de información puede ser procesada y cuál no”.

El siguiente paso por parte del Weizmann Institute es llevar el experimento un paso mas allá, con personas en coma, tratando de averiguar así qué procesos se ponen en marcha durante los estados alterados de conciencia.

Lo que sin duda está claro es que la hipnopedia, a pesar de no ser ese método efectivo que se ha creado en el imaginario popular para aprender kung-fu en 30 segundos, sí que, tras ser adecuadamente desarrollada y entendida, puede ayudarnos a optimizar nuestro tiempo de estudio.

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