Desde pequenos pasamos un mal grolo cada vez que nos tocaba unha exposición oral. Nunca máis!

Cómo mejorar vuestras presentaciones orales

Para aquel que no lo sepa (si es que hay alguien que esté inmerso en el estudio de una oposición y no lo sabe), las oposiciones a educación están formadas por dos partes; una primera prueba de conocimientos, formada por una parte escrita y una práctica, y una segunda en la que se comprobará la aptitud pedagógica y las maneras técnicas del opositor, a fin de determinar si está preparado para dar clases.

Esta segunda parte incluye la redacción de una programación didáctica y la posterior defensa oral de una parte de esta. Es fácil inferir que no nos valdrá simplemente -como si esto fuese sencillo…- con haberla desarrollado con éxito y sabérsela de memoria… hay que manejar la presión y saber presentarla, explicarla y defenderla frente a un exigente jurado. Huelga decir que esta presentación es más importante que la redacción, por lo que debemos dominarla -y dominarnos- a la perfección.

Y es aquí, sabiendo de la necesidad y la dificultad de realizar una buena presentación oral cuando la presión es insoportable y el duro y exhaustivo trabajo de mucho tiempo está en juego en unos breves minutos, donde se enmarca el presente artículo, con una serie de consejos que seguro os ayudarán a ir más tranquilos a vuestra exposición. ¡Allá vamos!

Desde pequeños pasamos un mal trago cada vez que nos tocaba una exposición oral. ¡Nunca más!

Consejos para arrasar con nuestra presentación oral

Preparar, ensayar, repetir

Tanto si sois expertos comunicadores, como si la simple idea de hablar el público os causa pavor, debéis prepararos la presentación hasta que os salga de carrerilla… y parezca natural. Elaborad esquemas, ensayad frente al espejo, y muy importante, grabaos cuando creáis que ya lo tenéis controlado. Esto os ayudará a pulir esos últimos fallos y a crear esa falsa naturalidad que impresionará a vuestros oyentes.

También debéis prepararos para vuestra audiencia. Conocerla, y sobre todo conocer qué es lo que os pueden preguntar, dónde incidir más, qué tipo de lenguaje utilizar, pueden marcar una gran diferencia, al conseguir conectar con ellos. Piensa en cuáles pueden ser sus intereses, qué es lo que buscan en una buena presentación oral…y dáselo.

Entrena el contacto visual

Sí, una presentación cuesta, y sobre todo cuando en ella intervienen los nervios, la presión y la complicada sensación de sentirse observado, pero pensad en una cosa: ¿si fuese para una sola persona, sería menos complicado? Por supuesto que sí. Y eso lo obtenemos con el contacto visual. Miremos a los ojos a aquellos que nos escuchan, variando entre nuestros objetivos para que todos sientan que son los destinatarios del mensaje, consiguiendo así una presentación mucho más personal y cercana, y convirtiendo un potencial motivo de nerviosismo más en un argumento a nuestro favor. Creednos, dejar de considerar a nuestra audiencia como un todo abstracto y amenazador es fundamental, para lo bueno (mejorará enormemente la impresión que tengan de nuestra comparecencia) y para lo malo (evitará que los nervios nos jueguen una mala pasada).

Cuida el lenguaje corporal

Los gestos, la postura, el tono de voz… son imprescindibles para comunicar bien. Se estima que más de un 90% de lo que expresamos se deben a esos tres aspectos. Se podría llegar a decir que es más importante el cómo decir algo que lo que se dice… aunque no sea para nada cierto en una presentación oral de estas características. Pero no por ello debemos dejar de considerar ambas partes como un conjunto indivisible, y por tanto cuidarlo al milímetro. Así que ya sabéis, espalda erguida, cabeza levantada, sonrisas cuidadamente escogidas y conciencia en todo momento de qué están haciendo nuestras manos. Parece complicado, pero si lo incorporáis a vuestros ensayos frente al espejo os irá resultando cada vez más natural.

Existe un truco para aquellos que, por mucho que lo intenten, no sean capaces de controlar sus manos; tenerlas ocupadas. Agarrar un bolígrafo, o un lápiz (los bolis con pulsador siempre parecen desafiarnos a pulsarlos infinitas veces cuando nos ponemos nerviosos) pueden ayudarnos en esta tarea.

No te agobies si cometes algún error

Una equivocación, o incluso el trabarse en medio de la presentación oral no empaña, de ninguna manera, el discurso. Es más, es algo totalmente esperable, dadas las circunstancias, y de ello son conscientes los miembros del tribunal.

Es importante que seáis conscientes de esto, ya que el peligro que tiene es que os pongáis más nerviosos y entréis en una situación de pánico de la que no sepáis salir, y se os venga todo encima. Os pondremos un ejemplo y seguro que lo entenderéis mejor: os estáis examinando del carné de conducir, y el coche se os cala. El examinador ni lo tendrá en cuenta, pero si no sois capaces de controlarlo, podéis empezar a meter la pata en serio. Una sonrisa, dos segundos de calma para coger aire, y a seguir.

Gestionar el nerviosismo es una de las claves del éxito de toda exposición oral

Las pausas, muy importantes

Este consejo está estrechamente relacionado con el resto. Como ya dijimos antes, está claro que tenéis que memorizar lo que vais a decir, pero no puede notarse. Las pausas en el discurso son las mejores amigas de la naturalidad, y por ello debemos saber bien dónde y cómo hacerlas. Además, ayudan a que la audiencia nos siga mejor, nos aporta un feedback acerca de lo que acabamos de decir (en esa pausa podemos echar un vistazo a su reacción), y nos ayuda a ordenar los conceptos que vamos a exponer a continuación, limitando los posibles errores antes mencionados. Importantísimo.

No te olvides de que, en el fondo, estás contando una historia.

Y se lo estás contando a alguien que va a oír unas cuantas en un breve período de tiempo. Sé original, arriésgate con la estructura de tu programación (siempre dentro de unos límites, y sin que su calidad o coherencia se vean afectadas), e identifica al menos dos o tres momentos para ser un puntito más informal (la naturalidad, ya sabéis). Y, si vas a subrayar esa idea sobre la que has articulado toda la programación, que sea con distintos argumentos, ejemplificaciones y palabras. Tienes que tener claro que estás hablando para personas, con una capacidad de atención y valoración que pueden llegar a verse limitadas si lo que están oyendo les es ajeno, repetitivo o “más de lo mismo”.

Así que ya sabéis, no os pongáis nerviosos, preparadla hasta que os la sepáis de memoria, ensayadla hasta que parezca una conversación natural y vuestra presencia y gestos sean los adecuados, y entended y seducid a esa audiencia a la que os enfrentáis. ¿Sencillo, verdad? Pues para ayudaros a todo esto, con la experiencia que nos da el conocer a los tribunales, el haber tenido que pasar por ello y el haber ayudado a numerosos futuros profesores a hacerlo, nos ponemos a vuestra disposición, para la preparación de las siguientes especialidades de oposiciones de educación. ¡Os esperamos!