El pensamiento difuso nos ayuda a encontrar soluciones y a estudiar mejor

Cómo estudiar mejor: el pensamiento difuso. Cómo activarlo y sus beneficios.

Os hablábamos en nuestra última entrada, acerca del descanso entre exámenes, sobre lo importante que es dormir bien para relajarse entre exámenes, pero esta prescripción va mas allá, y no es solo una cuestión de levantarse con la cabeza como un bombo, o tener unas ojeras perpetuas dignas de un oso panda… no, es ciencia. Y es que, cuando estamos en pleno proceso de exámenes, y el cerebro trabaja a contrarreloj tratando de memorizar toda aquella materia objeto de examen, el procesamiento de la misma es fundamental, y aquí es donde entra el pensamiento difuso.

Esta técnica, una clásica en cualquier lista que se precie acerca de cómo estudiar mejor, consiste en el ordenamiento y asimilación subconsciente de los conceptos aprendidos para que surjan cuando los necesitamos, de una manera coherente y efectiva. Muchos nos sorprendemos cuando en un examen, después de ese momento de pánico de no saber cómo enfocar la respuesta a una pregunta, en cuanto logramos calmarnos y empezar a escribir, la sensación se asemeja a la de tirar de un hilo de conocimiento que no acaba. La información comienza a brotar, de manera ordenada y relevante, como una historia con sentido.

El pensamiento difuso puede ser entrenado, y sobre todo cuidado, en base a unos pasos a seguir y unas buenas prácticas de estudio que os explicaremos a continuación. Ya os avanzamos que no es tan complicado como parece, y si de verdad estáis rindiendo cuando estudiáis, y nos hicisteis caso en el anteriormente mencionado artículo… estáis en el camino.

El pensamiento difuso nos ayuda a encontrar soluciones con el subconsciente y a estudiar mejor

Controlando el pensamiento difuso. Cómo estudiar, asimilar, descansar… y disfrutar.

Al ser una técnica que se manifiesta subconscientemente, y que perpetuamente está trabajando en segundo plano, el pensamiento difuso no es algo que se tenga que aprender, sino que forma parte del cerebro de todos nosotros. Incluso hay expertos que opinan que en el mundo animal también está presente, como un mecanismo de defensa que permite vigilar el entorno (segundo plano) mientras se realizan otras tareas básicas como la alimentación, permitiendo así la detección de peligros y depredadores.

Así pues, lo que tenemos es que aprender a controlar y a maximizar esta multitarea cerebral, tan importante que puede llegar a marcar la diferencia en un proceso de estudio de tanta magnitud como unas oposiciones, en las que la cantidad de materia es tal que cualquier ayuda se agradece. Además, los beneficios pueden ser también indirectos, ya que al ser el descanso y el disfrute de ciertos ratos de ocio necesarios para su correcto desarrollo, además de importantes para que ese trabajo subconsciente sea efectivo, esto hace que el estudiante no los considere pérdidas de tiempo, ni se llegue a sentir mal al tomarse un momento para relajarse, si no incluso puede llegar a convencerse de que es algo que forma parte del proceso, y como tal imprescindible.

Identificaremos entonces tres consecuencias positivas de dominar el pensamiento difuso:

  1. Nos permite descansar sin ningún tipo de reproches y remordimientos entre sesiones de estudio
  2. Ayuda a la asimilación de conceptos densos y complejos, gracias a la ordenación y la perspectiva que se gana con ella
  3. Permite disfrutar del ocio, y darle un carácter de necesidades que de otra manera sería inviable para el estudiante

Estos tres puntos unidos permiten a las múltiples áreas cerebrales que interactúan en segundo plano combinen los nuevos conceptos con los previos, consolidándose y ordenándose como parte de un todo, de forma inconsciente. Claro que esto no se conseguirá con interminables horas de estudio traducidas a una lectura repetida de lo mismo una y otra vez, técnica con la que lo único que se consigue es agotamiento y pérdida de tiempo. Se precisa un trabajo enfocado e intenso, además de una gran comprensión lectora; en otras palabras, se necesita entender para poder aprender.

Optimizando la técnica para obtener un estudio más efectivo

Repetimos el punto anterior; una lectura repetitiva y superficial de los temas a estudiar no conseguirá nada en términos de asimilación subconsciente. El aprendizaje profundo, otra manera de llamar al pensamiento difuso, requiere de una alternación entre el modo enfocado (aquel en el que debemos estar mientras estudiamos, centrados al 100% en aprender y comprender) y el difuso, en el que nos dedicamos a otra cosa.

Conducir sin rumbo es uno de los mejores activadores del pensamiento difuso

Así, desterremos pensamientos como “nunca voy a entender este tema”, “aún me quedan 15 temas, no puedo descansar”, “si me lo leo 234 veces más quizás…”. No, esto no vale, y debéis desterrar para siempre la idea de que el estudio es machacar los apuntes con la vista una y otra vez. Por el contrario, para optimizar el estudio, seguid estos tres pasos:

  • Enfocad cada tema con todo el material adecuado y relevante que tengáis. Atención a las palabras en negrita; obviad recursos de última hora (Internet, nos conocemos) resúmenes milagrosos y anexos kilométricos de los que somos conscientes de su inutilidad cuando llevamos un 65% leídos. Coged vuestros apuntes, los libros de referencia, y tened a mano todo aquello que os pueda ayudar, y nada que os pueda distraer.
  • Descansad, activando el pensamiento difuso. Después de dos contundentes y provechosas horas de trabajo, el tema no está del todo controlado, y hay cuestiones que aún se nos escapan, o no quieren quedar registradas en el coco. ¡No pasa nada! A otra cosa, nuestro modo difuso seguirá trabajando en ello, dándole vueltas a esos conceptos que por ahora bailan en nuestro subconsciente. ¿Y qué podemos hacer para activar nuestro pensamiento difuso?  La Doctora Barbara Oakley, profesora de Ingeniería de Sistemas e Ingeniería Industrial de la Universidad de Oakland, y coautora y profesora del MOOC Learning how to learn de la plataforma Coursera considera estas actividades como los mejores activadores del pensamiento difuso, además de permitirnos descansar de ese esfuerzo mental previo: ir al gimnasio, jugar al baloncesto o fútbol, correr o nadar, salir a conducir (una de nuestras favoritas), dibujar, escuchar música, dormir (el mejor y mayor activador conocido), echar una partida a algún videojuego, ver una serie o peli y charlar con algunas de nuestras personas favoritas.
  • Transcurridas 12 horas desde la sesión de estudio objeto del problema, volved a repasar la cuestión problemática. Vuestro cerebro ya ha tenido tiempo suficiente para organizar el tema, y ya ha dejado de reflexionar sobre el mismo, pero, Y ESTO ES LO IMPORTANTE, no ha olvidado esos chispazos de comprensión que ha generado fruto de su trabajo en segundo plano.

Poco a poco iréis optimizando esta técnica, incorporándola a vuestros hábitos de estudio, aprendiendo como mejorar con ella (incidir en los temas más complicados con ella, volviendo en días posteriores al tema, etc.), y en definitiva, habréis aprendido cómo estudiar mejor, y ninguno de vuestros objetivos, sea la presentación del curso académico para vuestros alumnos o la preparación de una oposición, será demasiado complicado.