Cuando la mezcla cine y educación se convierte en abusiva. Terrence Fletcher

Cine y educación. Una compleja relación de extremos.

Cine y educación, terreno pantanoso el que nos proponemos pisar en este artículo. La interrelación entre ambas fuentes de cultura ha sido celebrada y criticada a partes iguales; todos recordamos el revuelo causado a finales de la década pasada con el lanzamiento del filme alemán La ola. Se la acusó de provocadora, morbosa e irrespetuosa con temas especialmente sensibles, y con pretensiones de provocar un debate más sociológico que cinematográfico. Lo que realmente molestó a muchos fue la sensación de sentirse insultados como individuos inteligentes y racionales, al mostrar con suma facilidad como se puede dirigir el pensamiento humano, en un momento en el que se supone la mente humana está más que alerta ante cualquier atisbo de movimiento autoritario, en base a las dramáticas experiencias del pasado.

Posteriormente, el cambio de década nos agasajó con la incipiencia de unos movimientos políticos radicales que cristalizaron a lo largo de la misma en varios países de la Europa ilustrada, por lo que quizás la película, y en general el movimiento de la tercera ola -en el que se enmarca- no estaba tan desencaminado.

En contraposición a esto, cualquier amante del cine recuerda con una mezcla de felicidad y melancolía ese “Oh, capitán, mi capitán”, dirigido al profesor Keating y que enmarca uno de esos finales de película. Es más; desde Preparadores de Oposiciones estamos seguros de que más de uno ha descubierto -o al menos reafirmado- su vocación como maestro imaginándose despertando y alentando las infinitas mentes de unos infantes al estilo del mejor Robin Williams que hayamos visto en una pantalla.

John Keating, paradigma del docente en cine y educación

Así pues, sensaciones encontradas, como en todo aquello que despierta inquietudes reales y profundas en el ser humano, las que nos aporta esta relación simbiótica entre el séptimo arte y la enseñanza. Y en este contexto vamos a intentar aportar nuestro granito de arena elaborando una lista de películas que tratan esta estrecha relación cine y educación, pero desde puntos de vista opuestos: por una parte de una manera idealizada, con películas en las que se muestra al espectador una relación profesor-alumno perfecta, con un maestro apasionado por enseñar y un alumno dispuesto a aprender, y por otra centrándonos en los extremos, cuando una de las dos vías entiende su parte del trato de manera disfuncional.

La idílica relación profesor-alumno en la mezcla cine y educación.

En esta primera subdivisión trataremos a los profesores modelo, centrándonos en películas cuya visualización retrotrae al espectador a su infancia, en busca de aquel profesor al que equiparar al héroe de la ficción.

Generalmente, y sin que esto se entienda como una crítica, todas siguen un patrón muy similar: profesor entrañable con métodos novedosos y apasionados -y por tanto mal vistos por una institución tradicional y estricta-, es puesto a cargo de un grupo de alumnos que son vistos como problemáticos, o en su defecto desencantados con el sistema educativo. Después de un breve período de aclimatación -partiendo de una inicial indiferencia hasta el momento en que la pasión del maestro hace mella en ellos-, retoman el interés por el aprendizaje, uniéndose ambos contra un elemento externo traumático -probablemente la institución antes descrita- que pone en riesgo los extravagantes, aunque efectivos, métodos del maestro.

Este paradigma lo cumplen a la perfección tres películas de las que hemos seleccionado: El club de los poetas muertos, El indomable Will Hunting y El profesor.

El club de los poetas muertos, de Peter Weir, es una película hermosísima, un canto al placer de enseñar y a cómo la pasión por la enseñanza, el don de comunicar y el carisma pueden transformar las vidas de unos alumnos desapasionados y acostumbrados a la rigidez de un mundo estricto y basado en lo normativo. La dirección del maestro Weir, con unos escenarios espectaculares y una representación de la amistad envidiable, es -como siempre- genial.

El argumento es sencillo: el nuevo profesor de literatura John Keating -un Robin Williams espectacular- llega a la Welton Academy, una prestigiosa a la par que tradicional institución norteamericana. Sus novedosos métodos de enseñanza calan en los alumnos, que comienzan a descubrir la belleza presente en la poesía y la importancia de disfrutar del ahora.

En El indomable Will Hunting repite Robin Williams -que ganaría aquí el Oscar- como un pintoresco terapeuta que ayuda a un joven genio, Will Hunting, a superar sus traumas infantiles y la impenetrable coraza que desde entonces carga consigo, así como a escoger la mejor opción para un futuro que se le presenta brillante. A destacar el guion escrito por unos jovencísimos Matt Damon y Ben Affleck, que también ganó el Oscar.

El profesor es un filme de Tony Kaye -al que recordamos de la magnífica American History X- que narra un extracto de la vida del profesor Henry Barthes -un carismático y desencantado Adrien Brody-. Henry posee un don natural para la enseñanza, pero sus constantes sustituciones en instituciones marginales lo han llevado a un permanente estado de nihilismo y negación de sus talentos, sin poder además pasar el tiempo necesario con sus alumnos como para llegar a desarrollar una relación con ellos. Además de esto, su encuentro con una joven que vive en la calle y su posterior relación también tienen mucho peso en la película.

Por último, hablaremos de dos películas que, si bien poseen menos categoría cinematográfica que las anteriores, resultan entrañables al espectador por la relación de paternalismo que se crea entre el profesor y unos alumnos adorables (hay que tener en cuenta que estamos hablando de niños de unos diez años).

Los chicos del Coro se ambienta en un internado para niños problemáticos de la Francia de mitad del siglo pasado. A ella llega Clément Mathieu, un músico reconvertido a profesor, quien gracias a la formación de un Coro termina desarrollando una estrecha y afectuosa relación con sus alumnos, entre los que destacan dos, el adorable Pépinot y Pierre Morhange, quien se convierte en el alma del Coro debido a su prodigiosa voz.

Por último, Escuela de rock es el exponente más gamberro de esta relación cine y educación. Ni el profesor es el típico de este tipo de películas -Jack Black en el papel de Dewey Finn, un fracasado guitarrista de un grupo de rock al que sus compañeros echan del mismo y que termina suplantando a su compañero de piso, profesor, en un colegio privado muy elitista-, ni tiene unas intenciones honestas -al principio solo piensa en el cheque a cobrar a final de mes, y posteriormente, al ver las habilidades musicales de los pequeños, en utilizarlos para ganar un concurso de bandas-.

Pero conforme avanza la película, se desarrolla una relación extraordinaria entre profesor y alumnos, y bajo el contexto de la cultura rock, Dewey enseña a los niños, demasiado cuadriculados y “adultos” por culpa de unos padres y una institución en extremo estrictos, a disfrutar y a dejarse llevar. Además, la banda sonora es maravillosa, y posee una escena que se queda en el corazón de todo aquel amante de la música que se precie.

Cine y educación, también una relación tóxica.

En el otro extremo del espectro nos encontramos a aquellos profesores que se pasan de la raya en su método. Antes hacíamos referencia a la “pasión” del maestro como algo bueno, ya que contagiaba a sus alumnos. Pero esta también puede írsele de las manos, y o bien ser mal entendida por el docente, excediéndose en sus límites, o bien contagiando y animando en demasía al alumno. Ambas vertientes suelen llevar a un mismo final, el descontrol fatal de la situación.

Cuando la mezcla cine y educación se convierte en abusiva. Terence Fletcher

La ola narra el bienintencionado y posteriormente descontrolado proyecto de un profesor alemán, creando una suerte de movimiento totalitario en clase, con la intención de mostrar su forma de actuación a los alumnos. Todo se descontrola cuando los adolescentes comienzan a tomárselo más y más en serio.

El filme francés En la casa nos trae la relación entre un profesor de literatura francesa, escritor frustrado y hastiado del mundo de la enseñanza, en el que sólo se encuentra con las mediocres y desganadas redacciones de sus alumnos, y uno de ellos, en el que descubre una brillante capacidad de observación. Prendado de esta, lo anima cada vez más y más en las descripciones que hace de la vida de unos de sus amigos, también compañero de clase, y de su familia, llegando a un punto en el que la línea existente entre realidad y ficción se difumina.

Por último, y como el más novedoso exponente hollywoodiense acerca de cine y educación, nos encontramos con Whiplash, de uno de los directores de moda norteamericanos, Damien Chazelle. Trata la demencialmente tóxica relación entre un joven baterista de jazz, Andrew Neiman -el incipiente Miles Teller- que aspira a una plaza titular en un Conservatorio de Música muy exclusivo, y su profesor Terence Fletcher -excesiva y maravillosa a partes iguales la interpretación de un J.K. Simmons que se llevó el Oscar sin oposición-. Los métodos de Fletcher incluyen el maltrato, tanto físico como verbal, la humillación pública y el obligar a sus pupilos a trabajar hasta la extenuación, y siempre bajo un ritmo de presión brutal, pues considera que sólo así se conseguirá algo realmente trascendente.

La película tiene su dosis de polémica, ya que los métodos deleznables de Fletcher terminan cristalizando en un final apoteósico, en el que el talento del joven Neiman desborda la pantalla, por lo que la lectura que se haga del filme puede llegar a ser muy errónea.

Finalizamos aquí este amplio artículo, esperando que os haya entretenido, y aún más importante, que os quedéis con alguna recomendación de las aquí mencionadas. Y ya sabéis, en vuestra carrera hacia convertiros en un docente -particularmente os animamos a seguir la corriente del maestro Keating-, contáis con nosotros para ayudaros en el camino.

¡Ánimo futuros docentes!

Apretón de manos, símbolo del éxito en la negociación de plazas de las oposiciones 2018.

Oposiciones 2018 Enseñanza. La negociación amplia a 2050 las plazas.

El pasado 25 de enero, con motivo del Consello de la Xunta, el jefe del Ejecutivo Alberto Núñez Feijóo anunció la cuantía de las oposiciones 2018 en el sector de la enseñanza: un número total de 1919 plazas. El número, que crecía en 800 con respecto a la anterior oferta pública, tenía como objetivo rebajar la tasa de interinidad en el sector, del 13% actual -el número más bajo en todo el Estado Español-, a un 7%.

La notificación provocó diversas reacciones por parte de los sindicatos, aunque se demandaba de manera generalizada una revisión de la misma; mientras ANPE Galicia reclamaba una pronta explicación de cómo se iban a repartir las plazas y respeto hacia el personal interino, otros como CC. OO expresaba su descontento con un número que consideraba insuficiente.

Así, a petición de estos, se convocó una reunión entre el organismo gubernamental y los sindicatos firmantes del Acuerdo de Estabilización de Emprego -CC. OO Ensino, FETE-UGT, ANPE y CSIF-, con la intención, por parte de estos, de ampliar la convocatoria en un tercio de las plazas.

Apretón de manos, símbolo del éxito en la negociación de plazas de las oposiciones 2018.

La negociación da sus frutos. 2050 plazas para empleo docente en las Oposiciones 2018.

Finalmente, y gracias a esta reunión, se logró ampliar en 131 vacantes las plazas totales, llegando a las 2050 que conforman la convocatoria final.

Este número convierte a la de este año en una de las ofertas de empleo en el sector de la enseñanza más cuantiosas en Galicia, pues en los últimos 23 años sólo una de las convocatorias abiertas ha superado el número de estas oposiciones 2018; la del 2007, con 3125 vacantes.

Como ya reflejamos al inicio del artículo, la intención fundamental era la reducción de la interinidad, y es por esto por lo que se superará la tasa de reposición, por lo que las plazas a tal efecto se han estimado en 1072. Esto deja 978, repartidas de la siguiente manera: 397 para promoción interna y 581 consecuencia de ese acuerdo de estabilización, y por tanto las destinatarias de ese incremento gracias a las negociaciones.

Por todo esto, los sindicatos han expresado una moderada satisfacción, tanto con la ampliación como con el número final anunciado por la Xunta, y así, Julio Díaz, de ANPE, destaca el buen resultado obtenido, pero avisa a Ejecutivo de la necesidad de buscar un equilibrio entre la amplia oferta y el mantener la interinidad, pues la Comunidad se encuentra en estos términos muy por debajo de la media española.

Voces discordantes.

Pero no todas las opiniones son favorables. Desde CIG-Ensino se han criticado tanto las formas de la Xunta, que se entienden como despóticas y cerradas a la negociación, como la actuación de los sindicatos, al plegarse a esta y vender los resultados como una victoria. Expresa la Confederación además su descontento porque considera que con esta oferta de plazas no se están cumpliendo las expectativas en cuanto a las necesidades que actualmente demanda el personal docente, pues no se podrá ni mejorar la calidad de la enseñanza, ni atender correctamente al alumnado con necesidades específicas, y mucho menos reducir el número de alumnos por clase.

Desglose de las Oposiciones 2018 en enseñanza.

Definido ya el escenario final, solo nos queda detallar cómo se repartirán esas 2050 plazas, según especialidades.

  • Secundaria: un total de 788, divididas de la siguiente manera: 75 para lingua castelá e literatura, 65 para xeografía e histori, 153 para matemáticas, 65 para física e química, 75 para lingua galega e literatura, 20 para intervención sociocomunitaria, 25 para organización e xestión comercial, 15 para organización de proxectos de sistemas enerxéticos, 15 para procesos diagnóstico-clínico e ortoprotésico, 22 para procesos sanitarios y  25 para sistemas electrotécnicos e automáticos.
  • Cuerpo de maestros: 705 en total. 110 para educación infantil, 240 para educación primaria, 100 para lengua extranjera, repartidas equitativamente entre inglés y francés, 55 para educación física, 35 para música, 75 para pedagoxía terapéutica y 90 para audición e linguaxe.

Más docentes en clases gracias a las Oposiciones 2018.

  • Plazas de acceso del subgrupo A2 al A1 para el cuerpo de secundaria: 262 plazas, repartidas en: 25 para lingua castelá e literatura, 22 para xeografía e historia, 52 para matemáticas, 29 para física e química, 21 para bioloxía e xeoloxía, 18 para inglés, 12 para orientación educativa, 22 para tecnoloxía, 23 para lingua galega e literatura, 8 para organización e xestión comercial, 5 para procesos diagnóstico-clínico e productos ortoprotésicos, 6 para intervención sociocomunitaria, 5 para organización e proxectos de sistemas enerxéticos e 8 para sistemas electrónicos e automáticos.
  • Cuerpo de catedráticos de música: 105 en total.
  • Escuelas de idiomas en inglés: 30 plazas.

Por último, desde Preparadores de Oposiciones, solo nos queda celebrar esta ampliación, así como recordaros que estamos a vuestra disposición para ayudaros en vuestra incorporación al apasionante mundo de la enseñanza.

¡Ánimo opositores!